Los políticos y el olvido

La semana recién transcurrida, ha sido profusa en expresar las posibles variantes políticas que serán la tónica durante el presente año. Por un lado, se debate la desintegración potencial y paulatina del Frente Amplio en dos bandos (algo así como Boric versus Jiles) y las ya estimadas candidaturas presidenciales de socialistas y compañía; por el centro, la Democracia Cristiana y una parte de los radicales y un sector más bien conservador del PPD, buscan aunar fuerzas y destacarse en esta coyuntura actual que los tiene presionados siempre a cumplir un papel de bisagras (con el peligro cierto de caer en la irrelevancia); y por el otro, la derecha y su coalición que también se disgrega en dos almas, la primera firme partidaria del Presidente y su gobierno, y la segunda como contraposición amigable y altamente religiosa (sufriendo de alergia y tirria cuando el Presidente y su gabinete: “se pone liberal”).

            No dejamos de considerar los debates políticos que liderarán la agenda, un pack de reformas que tiene como objetivo retomar un alto crecimiento económico, pero lamentablemente, nada más. Aquí están en primer lugar, la reforma tributaria; luego, la reforma al modelo de pensiones (habrá que dudar de sus motivaciones y resultados, vista la experiencias vividas), y finalmente, una nunca pedida popularmente reforma laboral que ya podemos intuir de dónde surgió.

            Siendo así, es previsible avizorar el año en curso como complejo y peliagudo. El barco de la nación se desempeña en aguas turbulentas y oscuras. En el plano internacional –a diferencia de lo que pudo pensarse hace dos o tres años atrás–, son muchas más las dudas que las certezas. Venezuela seguirá siendo tema de portadas, el Brexit seguirá mostrando las rencillas ocultas de la vieja Europa y los mercados seguirán convulsionándose a cada acercamiento o alejamiento entre China y los Estados Unidos. Brasil, por su parte, la “restauración conservadora” de la cual ha sido víctima Latinoamérica con casi la totalidad de los gobiernos liderados por la derecha –honrosa excepción de México y Uruguay–, seguirán dando fuerzas a la temida polarización política del Cono Sur.

            Frente a tal escenario, a la dispersión de las mayorías, a la rápida proliferación de breves, profundas, extensas o espontáneas problemáticas sociales y políticas, el gobierno ha variado su posición hacia una medianamente beligerante, en donde, se busca controlar la agenda pública a pesar de la adversidad. Manteniendo así la vanguardia en la discusión política, aunque sean simples refritos de polémicas anteriores. Reflotar a la superficie añejas polémicas es una vieja táctica comunicacional. “Aula Segura”, “Extensión del control de identidad” o “Admisión Justa” son ejemplos de las mismas.

            Acabándose, en consecuencia, la política de los acuerdos. Al parecer, como sistema político, nos estamos olvidando de todo: del pasado, de la historia, de lo que se prometió hace seis meses atrás, de lo que se convenció o persuadió hace tres semanas, de lo que se negoció o “cocino” en el Parlamento durante el verano, que este día votamos que sí y este otro día votamos que no. Peligrosa es la senda de los olvidos; el poder, en el indispensable pragmatismo sobre el cual establece su ejercicio, suele llevarse consigo a la memoria.

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