La estética de la violencia como estrategia política

15 de noviembre de 2018, Plaza Italia, Santiago, Chile.

A eso de las 19.00 hrs en aquel lugar se había convocado una marcha en contra de las zonas de sacrificio, correspondientes en ese entonces a Quintero-Puchuncaví, en donde la contaminación afecta la salud y la vida de todas y todos sus habitantes; lo que deja en claro que en el capitalismo, la salud y el medioambiente no importan, que el territorio es únicamente valioso solo al ser traducido en fuente monetaria.

Sin embargo, la tarde del 14 de Noviembre se vio tintada por sangre mapuche producto de un nuevo asesinato propiciado por la policía chilena. Otra vez Wallmapu se llenó de sangre e ira, de injusticia y resistencia. El hecho no quedó aislado, a muchos nos recordó la vez que mataron a Matias Catrileo, por la espalda, con compañeros presenciado la agonía de la nueva víctima de un Estado que no teme en matar a quienes no callan.

Con esos dos motivos, el tema que se conversó en los sectores mas conscientes de nuestra sociedad, fue la muerte del Peñi Camilo Catrillanca, quien engrosó la lista de gente mapuche asesinada en esta supuesta democracia y que, al mismo tiempo, abrió un caso lleno de mentiras que dejó al descubierto las falencias de nuestro sistema judicial y policial.

Al respecto, mientras que por un lado los medios ocultaban lo sucedido, la Alameda se llenó de fuego, las calles de ira y de cánticos por la liberación de los terrenos arrebatados y justicia por las y los caídos en manos del Estado.

Una de las postales que dejó aquel 15 de noviembre fue la imagen del Peñi proyectada en Plaza Italia junto a un poema de Raúl Zurita, sin embargo bajo la proyección se aclamaba justicia y se encontraba la Alameda cortada desde Baquedano hasta Los Héroes con una seguidilla de barricadas en cada esquina.

Aquellos que salimos ese día presenciamos el odio y la impotencia en primera persona, lo sentimos y lo manifestamos. Mientras que otros corrían a buscar refugio en sus hogares, como si estuvieran presenciando una verdadera guerra de la cual no pensaban ser participes, otros veían por la televisión cómo la Alameda había sido cortada por “violentos enfrentamientos entre encapuchados y Carabineros”.

Nadie podía quedar indiferente, las noticias eran cadena nacional, Santiago Centro estuvo ardiendo horas, en otras regiones se replicó la situación y kilometros al sur de la capital, Wallmapu resistía comosiempre les ha tocado, porque si hay que reconocer una verdadera guerrilla que nunca ha cesado es aquella que se da en territorio mapuche.

La situación se replicó durante los días posteriores. Mientras que en el día se realizaban actividades en universidades, plazas y otros puntos específicos, en la tarde las calles principales de distintas ciudades y comunas del paós se cortaban y se alzaba la ira tan alta como las llamas.

Sin mentir perdí la cuenta de cuantos días la situación se replicó, mas no miento cuando digo que fueron dos semanas en las que solo “descansamos” dos días, y es que no podíamos creer las declaraciones burlescas del gobierno , el cual parecía reirse denosotros en nuestra cara. La indiferencia nos movilizó mas que la injusticia.

Eso fue el primer impacto estético, ira reflejada en fuego, mostrada en noticias y luego vivida en primera persona cuando en hora punta la micro debía tomar desviaciones producto de los cortes en las calles.

El segundo impacto fue que al día siguiente la gente estornudaba camino al trabajo, estos eran los resabios de la represión. Esta vez se mostraba que el supuesto “defensor del débil” no se medía en reprimir a quienes se manifestaban, pero tampoco en afectar a quienes no hacían nada – imagínense si quiera como debe ser vivir con una tanqueta del Comando Jungla en la esquina de tu casa, sabiendo que tienen en su posesión un arma de guerra y libres ordenes de disparar-.

El tercer impacto ocurrió cuando la población empezó a exigir la renuncia de Chadwick y de Hermes Soto, no sé como, pero el ciudadano promedio chileno memorizó el apellido de dos nuevos enemigos. A lo mejor notó la inconsistencia de los relatos que ya no pudieron seguir manipulando, o a lo mejor se dieron cuenta que les mentían en su cara, porque fue muy evidente, y claro, a nadie le gusta que le vean la cara de idiota. Este tercer impacto logró que Hermes Soto renunciara, con todas sus complicaciones correspondientes puesto que se rehusaba a hacerlo. Sin embargo el Gobierno aún tenía a otra persona que proteger: Chadwick, primo de Sebastián Piñera, quien no dudó en quemar a Soto pidiéndole la renuncia de forma publica. Finalmente entre sacrificar a un peón o a una torre, la decisión es bastante fácil.

Si no hubiésemos sido tan tajantes con nuestros petitorios probablemente todos hubieran guardado silencio, probablemente Hermes Soto no hubiese renunciado, probablemente la aprobación de Carabineros no hubiese bajado tanto, probablemente el Comando Jungla hubiese llegado a las poblaciones esta vez a matar a gente pobre y probablemente no se hubiese notado la incomodidad social a raíz de estas injusticias.

Porque la estrategia fue paralizar, fue cortar, fue quemar, fue llegar con violencia, hacer enfrentamientos en donde había indiferencia y nula relación con el problema en cuestión, involucrando a los desinteresados o a quienes y llanamente no sabían qué había sucedido. Es entonces cuando la violencia resultó como estrategia política, porque fue una violencia organizada nacida desde el sentimiento de molestia y disconformidad, de cansancio de que maten dirigentes por luchar por sus territorios, fue una violencia que tenía un fin especifico y que por lo mismo llamaba a gente a unirse, finalmente se sabía que una vez alcanzado el propósito esta iba a cesar.

Lamentablemente, los fines a conseguir esta vez eran muchos y requerían esfuerzo colectivo, cosa que no coincidió con la comodidad de muchos, el año académico acabó, las vacaciones iniciaron, se olvidaron de Catrillanca, de Alejandro Castro, de los que asesinaron después, de los que balearon ayer y de que las balas no han cesado. Aun así, me alegra pensar que la violencia resultó, y que, si se llegase a abordar de forma más estratégica, con diversos enfoques de esta, llegando por fin al uso correcto dentro de los sectores siempre violentados y reprimidos, la lucha por fin podría estremecer a los eternos opresores.

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