Algo pasa en la República.

Por Manuel Bravo

Como en todos los vastos sistemas de organización social, el chileno, presenta fallas. Fallas gravísimas, otras menos graves y algunas menores. La democracia –como aquella grasa que recubre y aliviana los engranajes sobre los cuales se desenvuelve la ciudadanía–, poco a poco se ha ido retirando, gastando y endureciéndose. El sistema, en su totalidad, percibe o al menos intuye percibir que la gravedad de las fallas no ha hecho otra cosa que crecer en el tiempo. Si antes, hace diez o quince años atrás, la corrupción, la delincuencia, la representación ciudadana, el cambio constitucional, los derechos civiles entre otros bullados temas, no nos parecían siquiera amenazantes ni preocupantes; ahora, son el motivo principal de constricción en el rostro de nuestros fatuos políticos.

            Preocupación que lentamente, como un velo o una sábana, comienza a extender hacia los confines de la República; los hombres y mujeres trabajan preocupados, los estudiantes se muestran ansiosos, las niños ya dejan de jugar y no es raro ver en ellos la misma constricción.

            ¿Qué pasó?, ¿qué pasó en estos diez años? Pasamos de considerarnos a nosotros mismos como una nación pujante a una acomplejada, disoluta y desconcentrada. Incapaz de hablar consigo misma y con los otros. Liderada por una horda de personas incompetentes que no saben –y en muchos casos no quieren saber tampoco– las reales necesidades del pueblo. No quieren ni conversar ni dialogar, y apenas se refiere a él con burdos e insuficientes términos. Se reúnen en sus salones a determinar soluciones, a definir estrategias, a hacer planes y proyectos, ahogados entre la retórica  y la lógica. Ahogados porque no saben respirar, ahogados porque también son conscientes que el sistema falla, esencialmente falla.

            ¿Puede una estructura social sobrevivir a la ausencia de liderazgo? O peor aún: ¿Puede sobrevivir a la ausencia de estímulos? Parecemos todos languidecer, parecemos todos querer refugiarnos en nuestro interior porque el mundo ya está muy difícil, porque las problemáticas para ser resueltas deben traspasar millares de barreras, óbices y obstáculos. Porque se nos ha enseñado desde la instauración neoliberal que para que algo definitivamente sirva, tiene que ser mío y de nadie más.

            Tales planteamientos han llevado que la vida pública chilena –si podemos, ligeramente señalar como cierto dicho término– se encuentre enclaustrada en una soterrada lucha de poder entre líderes sin respaldo ciudadano. Es así como el mismísimo Presidente se arroga la voluntad popular con apenas un cuarto de la población, como los empresarios se arrogan la representación de los trabajadores, como los políticos se arrogan también la representatividad absoluta de sus ciudadanos y todos se disfrazan, en un interminable baile de máscaras en que no sabemos qué es la verdad y qué es la mentira.

            Y el pueblo, aquella porción de la población que observa o ignora estas cosas, espera. Espera a que sea un evento fortuito el que remezca la consciencia de los que se dicen líderes, le quite el barro de los ojos, y les permita al fin observar, conversar, hablar y verse a la cara con sus ciudadanos. Paciencia vana que alimenta la esperanza, pues sentados igual nos moja la lluvia en la tormenta.

             Esa distancia existente entre unos y otros, no ha llevado más que a una sociedad enferma, enferma de soledad, de egoísmo y por qué no decirlo, estupidez también.

            Ejemplo de ello, es una oposición inútil, que no sabe hacia dónde dirigirse, ni cuándo. Que también espera, pero los errores del gobierno, las columnas de intelectuales públicos o la coyuntura para sobreponerse a sí misma y expresarse indignada. ¡Cómo si los demás no lo estuvieran!, ¡cómo si hubiesen descubierto gracias a su esfuerzo mental que el país se cae a pedazos!

            Insoportable una oposición así, insoportable también un gobierno obtuso, derechamente tonto e inepto cuando de sociedad se trata. Una ineptitud que le cae como anillo al dedo al Presidente –hombre hábil después de todo–, quien navega en estas aguas turbulentas y barrosas a punta de sagacidad y astucia. ¿Serán suficientes sus movimientos?, ¿habrá un momento en que la máquina –aquella máquina de la cual persistentemente escapa, cual prófugo– lo atrape?, ¿lo devore?, ¿o lo extinga?

            Yo, hago mi apuesta, personal después de todo. Ni el sistema político ni menos su líder, son capaces de visualizar correctamente la rápida desintegración que sufre el sistema social sobre el cual todos nos asentamos como ciudadanos chilenos que somos. Contraloría, Carabineros, Gobiernos Regionales y Consejos Regionales son solo algunos ejemplos de Instituciones confundidas con su propio desempeño. Se observan en el espejo y no saben qué hacer. Ello, los políticos, lo toman como una simple y persistente molestia, similar a la picadura de un piojo, o la sorpresiva extracción sanguínea de un zancudo. Son incapaces –dada la mendaz omnipotencia de la nube en la que viven, comen y duermen–, de percibir lo que verdaderamente ocurre en la nación. Y esto, les pasará la cuenta. Sebastián Piñera por más que escape, por más que se esconda o disfrace de centro, de centro derecha, de derecha o de centro izquierda, carece de convicciones políticas profundas. Efectivamente ideológicas. ¿Qué sería de él sin su dinero?, ¿qué sería de él sin su monetario poder? Nada. Porque simplemente, no sería político.

            Difícil en consecuencia el mes de Enero, no sabemos cómo serán los otros. Lo que sí se sabe, es que los problemas seguirán profundizándose, que la desigualdad seguirá acrecentándose y que las soluciones –aquellas que requieren valentía– seguirán aplazándose hasta un momento tal en que las circunstancias las justifiquen. Y será ahí, cuando el naipe del poder político y económico chileno se desordene, se desbarate, y descubramos todos que la solución no existe porque nadie la ha pensado previamente, que llegará el control, y la noche, compañeros, será más larga y oscura que la última vez.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*